Luis Cernuda

Luis Cernuda
 

Telarañas cuelgan de la razón

Telarañas cuelgan de la razón
En un paisaje de ceniza absorta;
Ha pasado el huracán de amor,
Ya ningún pájaro queda.

Tampoco ninguna hoja,
Todas van lejos, como gotas de agua
De un mar cuando se seca,
Cuando no hay ya lágrimas bastantes,
Porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,
Con su sola presencia ha dividido en dos un cuerpo.

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,
Aunque siempre nos falte alguno;
Recoger la vida vacía
Y caminar esperando que lentamente se llene,
Si es posible, otra vez, como antes,
De sueños desconocidos y deseos invisibles.

Tú nada sabes de ello,
Tú estás allá, cruel como el día;
El día, esa luz que abraza estrechamente un triste muro,
Un muro, ¿no comprendes?,
Un muro frente al cuál estoy sólo

 

 
 

Luis Cernuda Bidón nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902, en el número 6 de la calle de Tójar, hoy conocida como Acetres. Fue el tercer hijo del Comandante de Ingenieros don Bernardo Cernuda y Bauzá, y de Amparo Bidón Cuéllar. La formación militar del padre pudo influir en el ambiente familiar en que se educó, austero y castrense, evocado por nuestro autor en su poema "La familia". En 1915, con trece años de edad, se traslada con toda su familia al cuartel del Tercer Regimiento de Zapadores, debido al ascenso de su padre a Teniente Coronel. Cursó el bachillerato con los padres escolapios, primero en el colegio San Román y después en el Calasancio Hispalense. De este período decisivo en su formación nos ha dejado el retrato de su profesor de Retórica, el padre escolapio don Antonio López, en un poema en prosa de Ocnos: "Fue él quien intentó hacerme recitar alguna vez, aunque un pudor más fuerte que mi complacencia enfriaba mi elocución; él quien me hizo escribir mis primeros versos, corrigiéndolos luego y dándome como precepto estético el que en mis temas literarios hubiera siempre un asidero plástico" (Poesía completa).

En otoño de 1919, Luis Cernuda comienza su carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla. Tuvo entonces la oportunidad de oír como profesor en un curso de Literatura española al joven Catedrático Pedro Salinas. Dada la timidez de Cernuda, su encuentro con Salinas no fue inmediato, pero sí decisivo en el futuro de su carrera literaria. Cernuda reconoce desde "Historial de un libro": "No sabría decir cuánto debo a Salinas, a sus indicaciones, a su estímulo primero; apenas hubiera podido yo, en cuanto poeta, sin su ayuda, haber encontrado mi camino" (Prosa I). Unos años más tarde, mientras hacía su servicio militar (1923-24), se producirá su encuentro con la poesía, descrito por el propio escritor como una epifanía: "Todas las tardes salía a caballo con los otros reclutas, como parte de la instrucción, por los alrededores de Sevilla; una de aquellas tardes, sin transición previa, las cosas se me aparecieron como si las viera por primera vez, como si por primera vez entrara yo en comunicación con ellas, y esa visión inusitada, al mismo tiempo, provocaba en mí la urgencia expresiva, la urgencia de decir dicha experiencia. Así nació entonces toda una serie de versos, de los cuales ninguno sobrevive" (Prosa I). En 1925 se licencia en Derecho. La situación familiar era cada día más precaria, tras la muerte de su padre en 1920, y la madre espera que su hijo colabore en la maltrecha economía familiar. Durante algunos meses prepara, sin ningún entusiasmo, la oposición para Secretario de Ayuntamiento, pues su gran vocación era ya la poesía.

Sus primeros versos conservados datan de 1924. Los publicará en Revista de Occidente y después fueron a formar parte de su primer libro, Perfil del aire (1927). Este libro supondrá para Cernuda una decepcionante incorporación a la república de las letras. Salvo las reseñas de José Bergamín y Lluís Montanyà (el crítico de L'Amic de les Arts) el libro fue negativamente recibido. En diciembre de ese mismo año, Luis Cernuda tampoco fue invitado al homenaje a don Luis de Góngora en el Ateneo de Sevilla y "tuvo que contentarse con asistir entre el público, mientras otro invitado leía algunos breves versos suyos" (Valender, 2002). Es el momento en que deja de mirar al pacato ambiente literario español y se sumerge en la lectura de los cubistas y surrealistas franceses.

La muerte de su madre, en julio de 1928, fue un hecho decisivo en la mayoría de edad de nuestro poeta. Paradójicamente vivirá tan doloroso suceso como una liberación, ya que supuso la posibilidad de abandonar Sevilla, de la que partirá el 4 de septiembre de 1928 con los escasos bienes que le correspondieron tras el reparto del patrimonio familiar entre los tres hermanos.

1. 2. Málaga, Madrid, Toulouse (1928-1931).

Antes de dirigirse a Madrid Luis Cernuda pasa unos días por Málaga. Allí se encontrará por primera vez con el mar y entablará estrecho contacto con los poetas de Litoral y editores de su primer libro: Emilio Prados, José María Hinojosa y Manuel Altolaguirre, con los que proyectará una antología de la nueva poesía española, que, en caso de nacer, hubiera sido, debido al entusiasmo surrealista de Prados, Hinojosa y Cernuda en estos años, un panorama de su generación muy distinto del que presentó Gerardo Diego en 1932. Tras su breve pero intensa estancia en Málaga, se establece en Madrid, para partir el 10 de noviembre de 1928 a Toulouse como lector de español en la École Normale, puesto que le había gestionado Salinas.

Además de sus obligaciones docentes, Cernuda continúa viendo cine, una pasión que lo acompañará toda su vida y que lo influirá incluso en su propio atuendo personal. Así, por estos años se pone sombrero a lo Gilbert Roland en Margarita Gautier y se deja bigote a lo John Gilbert (Capote Benot, 1976). Lo más significativo de su estancia en Francia fue su primer viaje a París en Semana Santa. La ciudad lo deslumbró y de regreso a Toulouse comenzó a escribir una serie de nuevos poemas ("Remordimiento en traje de noche", "Quisiera estar solo en el sur" y "Sombras blancas") en los que Cernuda experimenta con el automatismo de los surrealistas.

Regresa a Madrid en junio de 1929, donde termina la redacción de Un río, un amor y su relato "El indolente". A principios de 1930, trabaja a tiempo completo en la librería de León Sánchez Cuesta, donde llevó la contabilidad y se encargó de los envíos de libros. Fue uno más de los múltiples trabajos rutinarios con los que Cernuda se ganó la vida. Durante este año de escasez creadora se afianza su relación con algunos de sus contemporáneos, especialmente con Aleixandre y con Federico García Lorca, que acababa de regresar de su periplo americano por Nueva York y la Habana. Esta especial afinidad con los poetas andaluces (añádase Moreno Villa, además de los ya mencionados) tiene un contexto estético y vital: los intentos por promover un surrealismo español (Valender, 2002). Contexto que explicaría el inicial rechazo de Cernuda, junto a Aleixandre y Prados, por el canon que estaba diseñando Gerardo Diego en su famosa antología.

Entre abril y junio de 1931, Luis Cernuda escribe Los placeres prohibidos, donde celebra su amor homosexual sin ningún tipo de ocultamientos. Conoce por estas fechas a Serafín Fernández Ferro, un joven gallego de extracción humilde que vagabundeaba por Madrid y que le fue presentado por Lorca y Aleixandre. Fue una relación venal, que durará aproximadamente un año y que permanecerá en la memoria de nuestro poeta durante toda su vida. Es importante relacionar esta emancipación expresiva de Cernuda con las libertades públicas que supuso la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Por tanto, en un contexto de entusiasmo estético (surrealismo), vital (expresión de su homoerotismo) e ideológico (Segunda República) se gesta uno de los libros más rabiosamente juveniles de toda la poesía española del siglo XX.

1.3. República y guerra civil (1931-1938).

En noviembre de 1931 dejó su trabajo en la librería de Sánchez Cuesta para incorporarse a las Misiones Pedagógicas, recién creadas por la República. En principio su labor consistió en proveer a todas las escuelas nacionales de una biblioteca mínima para que los alumnos pudieran leer a los clásicos. Después se encargó de explicar, de pueblo en pueblo, algunos de los cuadros recogidos en un itinerante Museo del Pueblo, compuesto por copias de algunas de las obras más famosos del Prado hechas por jóvenes pintores españoles. Es una época de efervescencia ideológica. Cernuda colabora en la revista Octubre que dirige Rafael Alberti, pero no hay ningún indicio de que militara en el Partido Comunista: el compromiso que defendió siempre nuestro poeta era mucho más integrador y no se limitaba sólo a la ideología. Durante los años 1932-1933 participó en la revista Héroe editada en Madrid por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. En esta colección publicará una breve antología de sus primeros versos, La invitación a la poesía (1933), y el becqueriano título Donde habite el olvido (1934), una elegía inspirada en la ruptura de su relación con Serafín Fernández Ferro.

A partir de 1933 son frecuentes sus viajes a Andalucía, factor decisivo para su nuevo libro Invocaciones a las gracias del mundo. Así, en el verano del 1934 conocerá en Málaga a Gerardo Cardona, con el que mantendrá una breve pero intensa relación amorosa. Málaga supondrá una nueva posibilidad de mitificar lo andaluz, visible en los poemas de su nueva colección, tales como "A un muchacho andaluz" y "El joven marino". Esta vaga conexión entre andalucismo y neorromanticismo coincide con su lectura y traducción de Hölderlin, con la ayuda del poeta alemán Hans Gebser. Cernuda sólo había publicado hasta la fecha dos libros de poemas (Perfil del aire y Donde habite el olvido, más la breve antología ya comentada) y tenía aún inéditos Un río, un amor, Los placeres prohibidos e Invocaciones.

En abril de 1936 publicará toda su obra, bajo el título de La realidad y el deseo, en la colección Cruz y Raya que dirigía José Bergamín. La primera edición de La realidad y el deseo fue saludada con unánime entusiasmo: sirvan de ejemplo las reseñas que le dedicaron Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Arturo Serrano Plaja, Altolaguirre y Federico García Lorca. De gran interés histórico será el homenaje que se le tributó, el 21 de abril, en el Restaurante Rojo de la calle Botoneras, homenaje cuya fotografía permanece en nuestra memoria como la última instantánea de lo que se ha venido en llamar Generación del 27, antes de que nuestra guerra civil provocara la trágica desaparición de alguno (García Lorca) o la diáspora general.

Al estallar la guerra civil Luis Cernuda se trasladó a París como "agregado de prensa" - según leemos en un currículum vitae presentado en Mount Holyoke College- del embajador de la República, don Álvaro de Albornoz, y junto a la hija de éste, Concha de Albornoz, que actuó como secretaria. Es necesario recordar que Concha de Albornoz fue una de las mujeres que mejor conocieron y descifraron el carácter de Luis Cernuda. De vuelta a Madrid, en octubre del 36, colaboró en distintos periódicos que van surgiendo en el Madrid republicano, tales como Ahora y El Luchador. Participa en emisiones radiofónicas con Arturo Serrano Plaja, "destinadas a mantener el ánimo de la ciudad sitiada" (Valender, 2002) y llega a alistarse como voluntario en las milicias del Batallón Alpino de la Sierra de Guadarrama, durante un breve período de tiempo. Tras este episodio, en enero de 1937, se instala nuevamente en Madrid, en la sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, sita en el palacio de los Heredia-Spínola, y colabora en El Mono Azul, boletín dirigido por Rafael Alberti y M.ª Teresa León. En abril de 1937, se traslada a Valencia, donde el gobierno de la República tenía su sede desde noviembre de 1936, y allí permanecerá hasta principios de octubre del mismo año. Al llegar a Valencia nuestro poeta se relaciona con el grupo Hora de España y colaborará con dicha revista, cuya idea mater se debió a los jóvenes Antonio Sánchez Barbudo y Rafael Dieste.

Entre sus colaboraciones en Hora de España, merece la pena detenerse brevemente en la elegía que le dedicó a Federico García Lorca ("Elegía a un poeta muerto"), texto que incluye la siguiente nota a pie de página: "Por desearlo así el autor, la versión aquí publicada del anterior poema es incompleta. Si algún día se reunieran en volumen las Elegías españolas, entre las cuales figura, allí se restablecería el texto original" (Poesía completa). En primer lugar, esta nota nos da noticia de cómo Cernuda estaba gestando un nuevo libro, que el exilio convertirá indefectiblemente en Las nubes. Por otro lado, nos revela las dificultades que tuvo que soportar para acoplarse como escritor a las exigencias y concesiones que exigía el momento. El deseo del autor de no publicar la versión íntegra responde a los reproches que provocó su poema y que le obligaron a suprimir la sexta estrofa por sus alusiones homosexuales. Se sabe que a un alto funcionario del Ministerio de Cultura o al propio ministro (Wenceslao Roces) los escandalizó el poema. Estamos ante un nuevo ejemplo, en nuestra historia reciente, de cómo la mezquindad y la represión sexual son los únicos puntos coincidentes de las derechas y las izquierdas nacionales. Sospechamos que si no fue, para Cernuda, el primer aviso, sí fue una señal importante de que la causa, a la que siempre fue leal, no representaba ninguna utopía. En los artículos que Cernuda redacta entre junio y septiembre de 1937, así como en los poemas que por aquellos meses escribió ("A Larra con unas violetas" y "Lamento y esperanza"), no es difícil rastrear su incomodidad para adaptarse a las consignas del populismo y el compromiso.

En relación con este incidente, no es difícil pensar que Luis Cernuda tuviera presente el ejemplo de su admirado André Gide, que en su intervención en el I Congreso Internacional de Escritores, celebrado en París dos años antes, había planteado, entre otras cuestiones: "Mi tesis ha sido siempre ésta: siendo lo más personal es como cada ser sirve mejor a la comunidad" (Teruel, 2002a). André Gide, que acababa de publicar sus Retouches à mon retour de l´URSS, será excluido del II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (celebrado en Valencia, el 7 y 8 de julio de 1937), pero no condenado, gracias al apoyo de los redactores de Hora de España. De este Congreso, a nosotros nos interesa mencionar, con respecto a Cernuda, su primer encuentro con Octavio Paz y la edición del volumen Poetas en la España leal, que él mismo reseñó para Hora de España.

Pero queremos detenernos en la representación de Mariana Pineda que Manuel Altolaguirre montó como actividad complementaria y en homenaje al recientemente asesinado García Lorca. Luis Cernuda desempeñó la principal figura masculina de la obra, el conspirador don Pedro de Sotomayor. La compañía se formó con jóvenes actores de La Barraca y Vitín Cortezo se encargó de los decorados y figurines. De dicha representación, el mismo Vitín Cortezo nos da el siguiente testimonio: "El refinamiento del montaje y la actuación un poco dilettante de los actores fueron ferozmente criticados. Cierta pluma incipiente vio un estilo 'a la Federica' en el vestuario..., que era mío" (1974). Por tanto, el desagrado con que algunos círculos oficiales habían recibido la representación de Mariana Pineda con comentarios de esta última índole, más los ya señalados reproches que provocó su elegía sobre Lorca, no hicieron sino aumentar su malestar contra la fiscalización de los "sacripantes" del Partido (véase, de Desolación de la Quimera, "Amigos: Víctor Cortezo").

Además, debemos agregar la detención de Cortezo por sospechas que recaían contra algunos miembros de su familia que acababan de pasar por Valencia bajo pabellón inglés. Su evaluación no ofrece margen a la duda. Si al principio de la guerra vio en ella la esperanzada respuesta a injusticias antiguas que exigían reparación, luego sólo pudo expresar su desencanto: "Ninguna otra vez en mi vida he sentido como entonces el deseo de ser útil [...]. Afortunadamente mi deseo de servir no sirvió y para nada me utilizaron. La marcha de los sucesos me hizo ver poco a poco que no había allí posibilidad de vida para aquella España con que me había engañado" (Prosa I). En el original mecanografiado de unas conversaciones de Cernuda con el crítico mexicano Emmanuel Caballero se halla tachado, después de lo anteriormente transcrito, este pasaje de gran interés: "La marcha de los sucesos me hizo ver, poco a poco, cómo en lugar de aquella posibilidad de vida para una España joven, no había allí sino el juego criminal de un partido al que muchos secundaban pensando en su ventaja personal" (Prosa I).

Por tanto, este debate entre la adhesión inquebrantable, pero no incondicional, de Cernuda a la causa popular y, por otro lado, la convicción de la hostilidad hacia el poeta en cualquier régimen político, será su estado de conciencia durante la guerra civil, especialmente en su penúltimo periplo, el valenciano. El 13 de octubre de 1937 fecha la última versión de "Lamento y esperanza", cuyo título y contenido inciden en dicho debate interno. Este texto sobre las revoluciones (primero soñadas, después pensadas y fatalmente vividas) será el colofón de sus días valencianos y, sintomáticamente, el último poema de Luis Cernuda escrito en España. A principios de octubre de 1937 regresa a Madrid, y manifiesta entonces un vivo interés por el teatro. Sirvan de ejemplo sus colaboraciones en El Mono Azul ("Sobre la situación de nuestro teatro" y "Un posible repertorio teatral") y la composición de la única pieza teatral que conservamos de Cernuda, El relojero o la familia interrumpida, que durante años se consideró una obra perdida hasta su rescate por Octavio Paz en los años ochenta.

1.4. El exilio: Gran Bretaña (1938-1947).

Stanley Richardson, poeta inglés que colaboraba con Hora de España y con quien Cernuda tuvo un pequeño idilio (véase "Por unos tulipanes amarillos"), le organizó un ciclo de conferencias en Londres sobre el tema de la guerra civil. En realidad, fue una estrategia de Richardson para sacarlo del país. El 14 de febrero Luis Cernuda, acompañado de Bernabé Fernández-Canivell, sale de España y lo que aparentemente iba a ser una estancia de breves meses se convertirá en el inicio de su definitivo exilio. Tras dichas conferencias, para las que realmente no hubo financiación, Cernuda necesitaba conseguir un empleo, al menos para paliar las deudas contraídas en el viaje. Y consiguió un puesto de tutor de los niños vascos que llegaron a Inglaterra como refugiados en mayo de 1938. Residía con ellos en la finca-residencia de Lord Farringdon en el condado de Oxfordshire, pero cuando murió uno de los chicos refugiados Cernuda decidió volver a España.

En julio de 1938 se marchó a París con la idea de continuar viaje hacia Barcelona, y allí se encontró con Rosa Chacel, que le aconsejó que desistiera del proyecto. Permanecerá en París, en una honda confusión y penuria económica, hasta septiembre de dicho año. Gracias a la ayuda de Rafael Martínez Nadal y su familia, de paso por la capital francesa, Luis Cernuda vuelve a Londres. Stanley Richardson le conseguirá ahora un puesto de auxiliar de español en un instituto de Surrey, barrio de las afueras de la ciudad. Es el momento en que se confirma su exilio. A partir de aquí no lo vivirá jamás como un paréntesis. En Surrey permanecerá durante el semestre de otoño. Comienza su lectura sistemática de los poetas ingleses (Shakespeare, Blake, Keats, Shelley y Wordsworth, fundamentalmente) y en enero de 1939 logrará un empleo de assistant en la Universidad de Glasgow, donde le sorprenderá el comienzo de la Segunda Guerra mundial.

A pesar de la aversión que le provocó la ciudad, fue una época fructífera para su obra. Allí termina los últimos poemas de Las nubes y casi completa su siguiente libro, Como quien espera el alba; además, redactó los poemas en prosa de Ocnos, cuya primera edición publica por cuenta propia en la editorial londinense The Dolphin, de Joan Gili (1942) y prepara la edición de sus narraciones, bajo el título de Fantasías de provincia, que verá la luz con una nueva selección y título (Tres narraciones) en 1948.

En julio de 1943 se despide de Glasgow, camino de la Universidad de Cambridge, donde había conseguido un puesto de lector de español: "Rara vez me he ido tan a gusto de sitio alguno" (Prosa I). Se aloja en el Emmanuel College, y allí redacta los dos últimos poemas de Como quien espera el alba: "Río vespertino" y el espléndido "Vereda del cuco". En la primavera de 1944, Luis Cernuda vive una relación amorosa con un joven estudiante inglés, relación de la que tenemos noticia por su correspondencia con Nieves Mathews Madariaga (Martínez Nadal, 1983). Esta relación alienta sus "Cuatro poemas a una sombra", con los que Cernuda inició su siguiente colección: Vivir sin estar viviendo, título bien significativo de la existencia vicaria de nuestro poeta en tierras anglosajonas. Al terminar su contrato en Cambridge en junio de 1945, logra un empleo en el Instituto Español en Londres, "organización republicana creada por los exiliados Pablo de Azcárate, Eduardo Martínez Torner y Esteban Salazar Chapela con el fin de ofrecerles a los ingleses una imagen liberal de la cultura española" (Valender, 2002). En Londres se alojó en casa de Gregorio Prieto y por estas fechas, asesorado por el hispanista Edward Wilson, comenzó su traducción de Troilo y Crésida de Shakespeare.

En marzo de 1947 recibe una carta de su amiga Concha de Albornoz, ofreciéndole un puesto de profesor en un college de señoritas de Nueva Inglaterra, donde ella misma trabajaba desde hacía unos años: "Aunque parezca increíble, no había pensado en cómo y dónde habría de continuar mi existencia. Volver a mi tierra, ni pensaba en ello; poco a poco se consumaba la separación espiritual, después la material entre España y yo. Los Estados Unidos fueron [...] entusiasmo juvenil mío, que no llegó entonces a obtener satisfacción visitando el país" (Prosa I). Tras largas y complicadas gestiones, en un buque francés que tocaba Southampton, saldría para Nueva York el 10 de septiembre de 1947. El poema "La partida" alude a estas circunstancias: "Nada suyo guardaba aquella tierra / Donde existiera. Por el aire, / Como error, diez años de la vida / Vio en un punto borrarse [...]. / Adiós al fin, tierra como tu gente fría, / Donde un error me trajo y otro error me lleva. / Gracias por todo y nada. No volveré a pisarte" (Poesía completa). Sin embargo la evaluación de los años vividos en Gran Bretaña es otra desde Historial de un libro y Cernuda reconoce sus deudas espirituales: Inglaterra le dejó el idioma y, a través de él, una tradición fundamental para su nueva comprensión de lo poético, además de reconocer su admiración por una actitud cívica que echaría de menos en los Estados Unidos.

1.5. Nueva Inglaterra (1947-1952).

Durante su primer curso en Mount Holyoke College se muestra contento. Téngase en cuenta que por primera vez en su vida Cernuda tenía un trabajo bien remunerado. Las palabras comodidad, facilidad y agrado son, sorprendentemente, las más frecuentes de su epistolario durante aquellos meses. En carta a E. Wilson, fechada el 17 de marzo de 1948, leemos: "Le diré que estoy muy contento de hallarme aquí. Volver a vivir con las comodidades antiguas, a las que más de diez años de carecer de ellas me habían hecho olvidarlas, es gran cosa. Me gusta mucho el campo, y hasta lo que aquí llaman el 'campus', y el campo americano es maravilloso; al menos éste de la Nueva Inglaterra. Tengo calma, sosiego, y la vida se vuelve muy agradable con unas pocas comodidades y facilidades materiales" (Martínez Nadal, 1983).

En el verano de 1948, Luis Cernuda fue invitado a la "Escuela de Español" de Middlebury College, que durante la década de los años cuarenta y cincuenta se convirtió en un lugar de encuentro para el disperso exilio republicano en los EE.UU. Allí se encontrará, entre otros, a Pedro Salinas, Isabel García Lorca, Tomás Navarro Tomás, Joaquín Casalduero, Pilar de Madariaga, Emilio González López y Juan A. Marichal. Después de diez años de ausencia de España y con la perspectiva de un largo exilio, este encuentro no será un lugar para la nostalgia cernudiana, sino que se abrirá la vieja herida de la recepción de su Perfil del aire y del difícil acomodo de su obra entre los presupuestos de su generación y, al unísono, de su persona entre las actitudes y afectos de sus contemporáneos. En este sentido la auténtica apostilla de este encuentro será la lectura por parte de Cernuda en la Biblioteca de Middlebury College del artículo de Dámaso Alonso "Una generación poética (1920-1939)", que desencadenará su "Carta abierta a Dámaso Alonso" y será, a su vez, acicate del diálogo: "El crítico, el amigo y el poeta" (Teruel, 2002b).

En el verano de l949, Luis Cernuda visita por primera vez México, adonde volverá sucesivamente en los veranos del 50 y del 51 hasta instalarse definitivamente allí en noviembre de 1952. México supuso una serie de sucesivos encuentros que conmovió profundamente a nuestro poeta: el reencuentro con un reducido número de escritores y artistas con los que ya tenía amistad antigua (Concha Méndez, Manuel Altolaguirre, José Moreno Villa, Octavio Paz, Emilio Prados, José Bergamín, Juan Gil-Albert y Ramón Gaya), el encuentro con nuevas amistades que compondrán su círculo más estrecho (Salvador Moreno, Enrique Asúnsolo y M.ª Dolores Arana) y, sobre todo, el encuentro con su idioma. A partir de su verano mejicano el regreso a Mount Holyoke fue infernal y enojoso. Fracasan sus gestiones para obtener un empleo universitario en Puerto Rico y poco después se le niega también un cursillo de verano en México City College (Sánchez Rosillo, 1992). Pero fue un período de intensa actividad poética. Durante el curso 1949-50 terminará Variaciones sobre tema mexicano y la traducción de Troilo y Crésida, y en noviembre de 1950 inicia Con las horas contadas, cuyo "Nocturno yanqui" expresa perfectamente la existencia vicaria de Luis Cernuda en aquellos inviernos de Nueva Inglaterra después de su estancia en México.

Tras pedir un permiso sabático de ocho meses a las autoridades de Mount Holyoke College, volverá por tercera vez a México en junio de 1951. Y en esta ocasión conocerá a Salvador Alighieri, un joven boxeador de extracción humilde, que inspirará la serie amorosa "Poemas para un cuerpo". El propio Cernuda comenta desde Historial de un libro: "Dados los años que ya tenía yo, no dejo de comprender que mi situación de viejo enamorado conlleva algún ridículo. Pero también sabía, si necesitara excusas para conmigo, cómo hay momentos en la vida que requieren de nosotros la entrega al destino, total y sin reservas, el salto al vacío, confiando en lo imposible para no rompernos la cabeza. Creo que ninguna otra vez estuve, si no tan enamorado, tan bien enamorado, como acaso pueda entreverse en los versos antes citados, que dieron expresión a dicha experiencia tardía" (Prosa I). Esta relación durará hasta 1956.

A finales de noviembre del 51, después de su tercer viaje a México y antes de regresar a Mount Holyoke College, Cernuda hizo escala en Cuba, invitado por José Rodríguez Feo, codirector con José Lezama Lima de la revista Orígenes. Cernuda aprovechó la estancia, que duraría hasta febrero de 1952, para dar un ciclo de conferencias sobre poesía española (Litoral, Unamuno y Bécquer). Y en Cuba se reencontrará con María Zambrano. Según testimonio de José Rodríguez Feo (1987), "Cuba realmente lo deslumbró y siempre me decía que le recordaba mucho a Cádiz. Cuando recorríamos las calles de la Habana Vieja, le parecía que estaba en Andalucía por la forma de caminar y hablar de los cubanos [...]. Durante el tiempo que permaneció entre nosotros, parecía otra persona: locuaz, alegre, y menos retraído que en Mount Holyoke. Antes de partir, me confesó que nunca había extrañado tanto a España como durante su estancia en Cuba" (1987).

Después de su verano en México y de su visita a Cuba, volverá a Mount Holyoke College en febrero de 1952, donde permanecerá hasta noviembre del mismo año: "La existencia en Mount Holyoke College se me hizo imposible; los largos meses de invierno, la falta de sol, [...] la nieve, que encuentro detestable, exacerbaban mi malestar. La lectura, que siempre tuvo para mí atractivo singular, llegó a aburrirme [...]; a veces leía para sustituir la vida que no vivía" (Prosa I). A este estado de conciencia alude también el poema de Ocnos "Regreso a la sombra". Cernuda deje Mount Holyoke College en noviembre del 52, decisión que parecerá a muchos una insensatez, puesto que, al abandonar los EE.UU., dejaba atrás el único trabajo estable y bien retribuido que había tenido en toda su vida. El poeta prefirió decir adiós a la seguridad y entregarse a los riesgos del amor y de la literatura. Así, en noviembre de 1952, con quinientos dólares en el bolsillo, Cernuda se instalará en México (Sánchez Rosillo, 1992).

1.6. Últimos años: entre México y California (1952-1963).

En México estuvo viviendo al principio durante poco tiempo en un apartamento amueblado de la calle Madrid. Después se trasladó a la casa de su amiga Concha Méndez, separada de Manuel Altolaguirre desde 1944, en Cayoacán (calle Tres Cruces, 11), pueblecito entonces muy tranquilo situado a las afueras de la ciudad. Pasará también largas temporadas en Acapulco. Cernuda vivirá durante estos años de la enseñanza y de labores ensayísticas: dio clases en la Universidad Autónoma de México, desde 1954 a 1960, sobre el teatro español y francés del siglo XVII, y gracias a una mínima ayuda del Colegio de México pudo escribir entre 1954 y 1955 sus Estudios sobre poesía española contemporánea, donde pone en cuestión gran número de convenciones críticas comúnmente aceptadas por la historia de la literatura española.

El 30 de septiembre de 1958, el Fondo de Cultura Económica, bajo los cuidados del poeta, publica la tercera edición de La realidad y el deseo, que incluye en la sección XI, entonces llamada "Sin título, inacabada", los ocho poemas iniciales de Desolación de la Quimera, escritos en 1956, además de los poemas en prosa de Los placeres prohibidos, hasta entonces inéditos. Con motivo de esta edición Luis Cernuda escribirá su fundamental -y tantas veces citada- autobiografía poética Historial de un libro. En 1959 muere Altolaguirre en accidente de tráfico a las afueras de Burgos; había venido a España, tras tantos años de exilio, con su película El cantar de los cantares para participar en el Festival de Cine de San Sebastián. Al año siguiente Cernuda cuidará de la edición de las Poesías completas de su amigo en el F.C.E.

Durante junio-julio de 1960 da un cursillo de seis semanas en la Universidad de California-Los Ángeles y entabla amistad con Carlos-Peregrín Otero, quien el año anterior había defendido su tesis doctoral, La poesía de Luis Cernuda en la Universidad de Berkeley. Esta estancia actúa en su ánimo con un efecto revitalizador. La ciudad lo encantó por marina y soleada. Cernuda evoca estos momentos, ya desde México, en el poema de Ocnos "Pregón tácito". Quizá la única contrariedad que sufrió durante aquel verano fue la noticia de la muerte de su hermana, que le llegó en una carta, probablemente la última, de Aleixandre, reafirmándole en su convicción de que era destino familiar morir alrededor de los sesenta años (Otero, 1972 ). De regreso a México, escribirá, entre otoño de 1960 e invierno de 1961, el núcleo central de Desolación de la Quimera.

El 24 de agosto de 1961 vuelve nuevamente a California, en este caso a San Francisco, con un contrato universitario en el State College donde enseñará hasta junio de 1962. Vivirá muy cerca del Golden Gate Park y allí escribirá sus últimos poemas. En verano regresa a México y en septiembre de 1962, como profesor invitado en U.C.L.A., vuelve por tercera vez a California, donde vivirá hasta junio de 1963. Se acentúa en sus escritos el tono, amargo, bronco y desengañado, sus fervorosas antipatías literarias y nacionales, su disgusto ante el retraso y la indiferencia de los editores. Sin embargo, comienzan a llegarle, al final del año 1962, algunos de sus primeros reconocimientos. Así, en octubre la publicación de una antología traducida al italiano, Poesia, editada por Lerice Editori de Milán, en la importante colección "Poeti europei", y en noviembre el número homenaje de La Caña Gris: "Ha sido mi primera satisfacción entera como escritor", le escribe a Jacobo Muñoz (Ortiz, 1981).

Vuelve a México en junio de 1963, aunque en principio estaba dispuesto a regresar a Los Angeles -esta vez a la Universidad de Southern California- pero renuncia en agosto a este proyecto por negarse a cumplir el requisito de un examen médico exigido en la tramitación del visado. Luis Cernuda pasa el verano en un estado de completa laxitud física y moral con problemas en la vista. En una de sus últimas cartas dirigidas a José Ángel Valente, le comenta: "Ningunas ganas tengo de escribir, la broma duró ya bastante y se aburre uno de tenerlo todo en contra"(Ortiz, 1981). Según Concha Méndez su actuación en los últimos días fue "la de alguien que estuviera dominado por un presentimiento; no parecía el mismo; recordaba a sus familiares, nos mostraba retratos, estaba afable, comunicativo" (1964).

El 5 de noviembre muere en México repentinamente, al amanecer, en el domicilio de Concha Méndez. Lo encontraron tendido en el suelo, con la pipa y la cerilla entre las manos. Al entierro en el Panteón Jardín de la misma ciudad no asistió casi nadie. Muy poco después llegan los primeros ejemplares de Ocnos. También al morir quedaron listos para imprimir los textos de Poesía y literatura II, que se editarán al año siguiente. La edición completa de La realidad y el deseo no la verá nunca en vida.

2. La realidad y el deseo: una biografía poética.

Como ya hemos comentado, desde 1936 nuestro poeta recoge toda su producción lírica bajo el título de La realidad y el deseo. Siguiendo a Octavio Paz (1964) podríamos considerar su poesía completa como una autobiografía poética donde aparecen todas la edades del hombre que fue su autor. Todas excepto la infancia, porque la infancia no es una edad, es un mundo. La infancia es sólo evocada como un mundo perdido y cuyo secreto se ha olvidado. Será el espacio para su expresión poética en prosa (Ocnos).

Sus dos primeros libros vamos a considerarlos como ejercicios de estilo adolescente. La publicación de Perfil del aire (1927), que pasará a titularse Primeras poesías a partir de la primera edición de La realidad y el deseo, no fue bien recibida por la crítica, como ya hemos comentado. Las dos acusaciones principales que recayeron contra él fueron la falta de modernidad y la de su imitación de Guillén. Cernuda se defenderá mucho después de esa acusación en su diálogo "El crítico, el amigo y el poeta" (1948), donde hará un minucioso recorrido por el proceso de composición de Perfil del aire y de Cántico (1928), para demostrar que la producción publicada por Guillén antes de 1924, fecha del inicio de su libro, era de escasa importancia para influir en él. En realidad, es un debate artificial y farragoso, pues Cernuda no niega que ambos libros tuvieran algo en común, ya que ambos participan de esa atmósfera que flotaba en el ambiente literario europeo, que era la pureza literaria; lo que sí niega es que la causa fuera el influjo de Guillén.

La verdadera causa fue -según Cernuda en boca del amigo- "la influencia de un tercer poeta, Mallarmé, que actuó sobre ambos, indirectamente sobre Guillén y directamente sobre Cernuda" (Prosa I). Mallarmé influyó en Guillén a través de Paul Valéry, por quien Cernuda no mostraba ninguna simpatía, ya que lo asociaba con Juan Ramón Jiménez y con su traductor al español, el propio Jorge Guillén. Cernuda reivindica su parentesco con Pierre Reverdy; por tanto, quiere vincularse con otra familia dentro de la tradición de la poesía pura para así justificar su diferencia. Entiendo que Perfil del aire, antes de convertirse en Primeras poesías, más que ser un libro guilleniano, participa, como Cántico, de los emblemas de la nueva poesía: Juan Ramón Jiménez, Mallarmé y Góngora, fundamentalmente. Aunque ya se vislumbran mundos personales en poemas como "El amor mueve el mundo", "Los muros, nada más", "La noche a la ventana" y "La soledad. No se siente".

Su segundo libro, Égloga, elegía, oda (1927-1928) fue una de las secciones que menos satisficieron a Cernuda, como demuestra su propia evaluación en Historial de un libro: "Tales ejercicios sobre formas poéticas clásicas fueron sin duda provechosos para mi adiestramiento técnico; pero no dejaba de darme cuenta cómo mucha parte viva y esencial en mí no hallaba expresión en dichos poemas" (Prosa, I). Lo más destacable para el futuro de la poesía cernudiana podría ser la primera formulación de su deseo erótico en la figura del joven dios protagonista de la oda, que será la imagen idealizada del actor de cine George O'Brian.

Dentro de esa biografía poética que es La realidad y el deseo, conviene detenerse en su ciclo de juventud, "el gran momento en que descubre la pasión amorosa y se descubre a sí mismo" (Paz, 1964). En este descubrimiento dos lecturas serán fundamentales: la de André Gide y la del surrealismo francés. Ambas lecturas le sirvieron fundamentalmente para resolver sus problemas de tradición literaria en la expresión de su erotismo que en Cernuda fue siempre, sin ningún tipo de máscaras, homoerótico. Este ciclo juvenil estará compuesto por Un río, un amor, Los placeres prohibidos y Donde habite el olvido.

Un río, un amor (1929), iniciado en Toulouse y finalizado en Madrid, alude en su título a la tensión existente entre el tiempo que fluye y el objeto de deseo que se escapa. El tema central del libro es el fracaso del ideal de amor con que soñaba el adolescente y que se estrella contra el muro de la realidad y contra un entorno urbano. En este sentido, especialmente memorable es el poema "Estoy cansado", donde conexiones aparentemente azarosas entre "cansancio" y "plumas" y entre poeta y "loro" le van a permitir afirmaciones fuertes, tales como la conexión entre escritura y cansancio vital (es decir: el cansancio vital se convierte en poesía) y la relación de éste con todo lo que se escapa o lo que se vuelve de espaldas. En el libro aparecerá el humor, registro infrecuente en la poesía de Cernuda tras Donde habite el olvido, y se prescinde de las formas fijas de versificación. Según comenta el propio Cernuda, los poemas de esta y la siguiente colección fueron escritos "de una vez y sin correcciones; la versión que años después publiqué de ellos era la misma que me deparó el impulso primero" (Prosa I).

De tono mucho más exultante será su siguiente libro, Los placeres prohibidos (1931), donde denunciará con voz rebelde y doliente la causa del derrumbe de su sueño homoerótico: los límites sociales y los límites del propio cuerpo que encarcelan el deseo tanto por represión como por egocentrismo. Frente a estos límites nos propone la necesidad de inscribir el sueño erótico en la esfera de lo elemental, adonde no lleguen las "leyes hediondas". El primer hito en el desarrollo de la poesía amorosa de Cernuda reside, pues, en la revelación de su diferencia: el amor es un acto de violencia social y política (Silver, 1989). Cernuda proclama la soberanía imperiosa de los placeres prohibidos contra las instituciones que representan la negación de su libertad (matrimonio, familia, religión y leyes): "Abajo, estatuas anónimas, / Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; / Una chispa de aquellos placeres / Brilla en la hora vengativa. / Su fulgor puede destruir vuestro mundo" ("Diré cómo nacisteis", Poesía completa). Tal como señala Octavio Paz (1964), la poesía de Cernuda es -y de modo especial en este libro- poesía moral, en cuanto crítica de nuestros valores y creencias.

Además, esta colección nos permite calibrar perfectamente qué supuso el surrealismo para nuestro poeta: la posibilidad de encontrar un lenguaje que le permitiera expresar, sin restricciones, la verdad de su amor, que en Cernuda equivale a la verdad de sí mismo ("Si el hombre pudiera decir", Poesía completa). Otra de las novedades del presente libro es la incorporación de poemas en prosa, que será un anticipo de Ocnos. En este caso, la expresión poética en prosa le permitirá un mayor cúmulo de imaginería surrealista. Léase "En medio de la multitud", donde nos presenta, al modo de "A une passante" de Baudelaire, la mirada amorosa del transeúnte en medio de la multitud que jamás le será devuelta. El penoso resultado del amor en la ciudad llevará al poeta a la invocación de su edén perdido, con la esperanza de que el deseo nunca se corrompa.

Donde habite el olvido (1932-1933) representa el término de su adhesión al surrealismo y nos va a permitir contemplar el fondo de su cosmovisión romántica, que ya era patente tras la imaginería surrealista en sus dos libros anteriores. Admitimos la tesis de que Luis Cernuda es un ejemplo del altorromanticismo europeo en la literatura española del siglo XX (Silver, 1989). El título del presente libro procede de la rima LXVI de Bécquer y Cernuda coincide con el poeta posromántico en su concepción del olvido como limbo o "regreso a una región remota de indiferencia e ignorancia absolutas, un estado pretérito de inconsciencia" (Maristany, 1982). Este matiz prenatal del olvido lo va a convertir en la región utópica donde sea posible la abolición del deseo. La base biográfica del presente libro está en el fin de su relación con Serafín F. Ferro, que Cernuda rememorará en el poema de Ocnos "Aprendiendo olvido". La introducción en prosa que abre este título nos introduce en el lirismo elegíaco de la colección y, sobre todo, en su concepción del trato humano y, en particular, en la evaluación de la experiencia amorosa. La paradoja final "el recuerdo de un olvido" se despeja si pensamos que para Cernuda el recuerdo pertenece siempre al amante (al sujeto, es decir: al yo) y el olvido corresponde al amado (al otro; es decir, al tú):

Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.

¿Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.

Las siguientes páginas son el recuerdo de un olvido.

Su etapa juvenil culmina con Invocaciones (1934-1935) donde el poeta desengañado del amor humano vuelve los ojos al mundo de los dioses. Este libro nos presenta su espacio mítico, donde estarán no sólo el muchacho andaluz y el joven marino (seres casi siempre confundidos o desposados con el mar) sino también su soledad. Léase el espléndido "Soliloquio del farero", donde Cernuda exalta la soledad activa, a la que el desprecio de los hombres lo ha empujado y que es concebida como una especie de atalaya desde la que luchar por un mundo mejor. Estamos ante el viejo mito romántico, tan exacto en la relación de su vida con su obra, de que todo lo que perjudica al hombre beneficia al artista. Además Cernuda construyó, en este poema, un monólogo dramático sin haber leído aún a Robert Browning, ya que a través de la voz del farero nos presenta su propia concepción del poeta que es la posibilidad de dar luz en el naufragio de la existencia, desde el apartamiento y la marginación. Sin esta distancia el poeta-farero no puede funcionar como tal. Para Cernuda el aislamiento no es una torre de marfil sino un trampolín desde el que mirar y entender al mundo. En Invocaciones nuestro poeta supo renegar de la exclusiva del pasado literario español. Gracias a él se incorporan a nuestra tradición poética, normalmente cerrada al exterior y abierta sólo a través de Francia, otras tradiciones de la poesía occidental, como será -en este caso- el romanticismo alemán (después vendrán Leopardi y la poesía moderna inglesa). A través de la lectura de Hölderlin, Cernuda pudo evocar su propio edén perdido: Grecia, Andalucía y el espíritu pagano. Finalmente, debemos destacar que con Invocaciones el poema lírico-narrativo hace su entrada en su singladura poética.

Tal como sugirió T. S. Eliot al traspasar los límites de cierta edad a un poeta se le ofrecen tres salidas: la autorrepetición (acompañada normalmente con un sucesivo incremento del virtuosismo), el silencio o la tentativa de readaptar su poesía a un nuevo estado de conciencia. Las nubes (1937-1940) corresponde a ese nuevo estado de conciencia, determinado por dos hechos: el exilio y la entrada en la madurez vital, tal como podemos leer en los versos iniciales de "Elegía española II" ("Ya la distancia entre los dos abierta") y de "La visita de Dios" ("Pasada se halla ahora la mitad de mi vida"). Aunque los primeros ocho poemas fueron escritos en España, entre ellos el ya comentado "A un poeta muerto (F.G.L.)", el resto del nuevo libro se escribirá entre Londres, París, Cranleigh y Glasgow. El contacto con la poesía anglosajona será fundamental en su nueva comprensión de lo poético y en su nuevo sentido de la composición, para los que ya estaba predispuesto. Sus lecturas estuvieron centradas en poetas románticos y victorianos del siglo XIX, tales como Wordsworth, Coleridge, Keats, Browning y un heredero de dicha tradición en el siglo XX: Eliot. Más tarde se añadirían otras áreas de atracción, como la de los poetas isabelinos, y ya mucho más avanzada su carrera, Yeats.

Según su propia autoevaluación desde Historial de un libro, la poesía anglosajona lo ayudó a evitar la "pathetic fallacy" y el "purple patch". Con la primera se refería Cernuda a su necesidad de evitar lo sentimental y de objetivar en el poema el proceso de su experiencia, para ello va a ser fundamental la técnica del monólogo dramático de Robert Browning, que le permitió proyectar su experiencia emotiva sobre una situación dramática o sobre un personaje histórico o legendario. En manos de Cernuda, el monólogo dramático no fue un mero recurso literario, sino que acaba siendo un utilísimo instrumento de conocimiento de sí mismo y del mundo. Léanse en este sentido "Lázaro" y "La adoración de los Magos". Con respecto al "purple patch" se refería a la posibilidad de renunciar a la "bonitura" o lo preconcebidamente poético en la expresión, teniendo en cuenta que la unidad en poesía no es el verso sino el poema.

Cernuda vio en los oropeles del verso, junto con la falta de concisión, uno de los defectos más constantes de nuestra poesía y, en este sentido, intentará aproximar el lenguaje poético al lenguaje coloquial. Un objetivo no pocas veces incumplido, tal como afirmó Octavio Paz: "Si Cernuda escribe como habla, habla como un libro" (1964). El encabalgamiento será uno de los recursos más usados, con el fin de atenuar el ritmo métrico y aproximarlo al ritmo de la frase. De todas formas, la consecuencia más visible de este encuentro con la poesía inglesa para el que ya estaba preparado (léase "Soliloquio del farero", de su anterior colección) fue la tendencia a ensanchar la base del poema dando cabida en él a nuevos materiales de experiencia y de reflexión (Maristany, 1982). Entre esos nuevos materiales está la introducción en La realidad y el deseo del tiempo histórico (véanse las dos "Elegías españolas" y "Un español habla de su tierra"), así como el religioso ("La visita de Dios" y "Lázaro"). A partir de Las nubes Cernuda vuelve a las formas regulares de base clásica (heptasílabo, endecasílabo y eneasílabo) y al uso frecuente del encabalgamiento.

Como quien espera el alba (1941-1944) fue escrito en plena Segunda Guerra Mundial, y el título alude a la escéptica esperanza en la llegada de la paz. Cernuda llevaba ya encima el peso de dos guerras. La principal preocupación del libro será la contemplación de la obra propia y la reflexión sobre el servicio y utilidad de la poesía en la sociedad contemporánea, dominada por el afán de lucro. Esta reflexión queda insertada en un afán constante de su obra, la sed de eternidad (Silver, 1965), y es también un modo de refrendar su propia identidad (véanse "Magia de la obra viva" y "Aplauso humano"). Luis Cernuda subordina, especialmente a partir del exilio, su experiencia empírica o su identidad social a la verdadera clave de su mito y de su personaje: él era fundamentalmente el poeta.

Como certeramente comenta Gil de Biedma (1980), Cernuda, en tanto que homosexual y en tanto que poeta, asumió su filiación vecinal de uno entre tantos, como quien asume su propia sombra, sin reconocerse en ella. Él se reconoció en su dimensión unigénita de hijo de Dios o en esa concepción sacral del poeta "al que una razón fatal y anterior a la propia existencia le mueve a escribir versos" (Gil de Biedma). Y el destierro agravó su soledad de siempre: "su soledad de unigénito, que no consiste en el mero estar solo, ni en el sentirse solo entre los demás, sino en sentirse solo en uno mismo" (Gil de Biedma). Léase "Noche del hombre y su demonio", donde el poeta encontrará como único interlocutor a su propio doble, una especie de daimon que le reprochará el culto a la palabra: "Ha sido la palabra tu enemigo. / Por ella de estar vivo te olvidaste". Tal como afirma Luis Maristany, "en la medida en que Cernuda ve su vida desprovista de objeto se centra con tanto más ahínco en la obra" (1982). En la misma línea habría que mencionar su llamada "A un poeta futuro" que dé sentido y justificación a su labor y, como consecuencia, a su vida. Luis Cernuda era cada vez más consciente de que su público estaba por nacer, siendo el rechazo a la supuesta indiferencia de sus contemporáneos uno de los pilares de su mito sobre la figura del poeta.

Vivir sin estar viviendo (1944-1949) y Con las horas contadas (1950-1956) tienen como característica esencial el deseo de retener lo que irremediablemente se nos está escapando. Los títulos son bien significativos: el primero expresa perfectamente la existencia vicaria de nuestro poeta y el segundo la premura del tiempo. En Vivir sin estar viviendo, cuya redacción ocupa los últimos años británicos y los primeros norteamericanos, es fácil detectar un descenso en su inspiración: el poeta, más que abrir nuevas rutas, apura posibilidades ya existentes. No obstante, podríamos destacar "Cuatro poemas a una sombra", inspirado -como ya se indicó- en su breve y tormentosa relación con un joven estudiante inglés. El conjunto se levanta sobre la contraposición de dos planos temporales, presente y pasado, para proclamar en la última sección el triunfo del mito, de la atemporalidad y del deseo frente a la temporalidad, realidad y juventud irrescatable.

También quisiera destacar "Ser de Sansueña" (vaga referencia a la geografía española que procede de la "Profecía del Tajo" de Fray Luis de León), ya que en esta ocasión desplazó el valor positivo que dicho mito tiene en otras composiciones, como lugar marítimo-sureño, para designar lo interior-mesetario (Maristany, 1982). El poeta desgajado de su país, y a través de su país del mundo, se contempla a sí mismo como monarca cuya tiranía persigue lo armónico, lo único, lo eterno: véanse sus monólogos dramáticos "El César" y "Silla del Rey". En este último el poeta se equipara a Felipe II contemplando desde la soledad o desde la atalaya del poder del creador cómo crece la obra.

El encuentro con México actuó favorablemente en la poesía de Cernuda, como puede comprobarse en sus poemas en prosa Variaciones sobre tema mexicano, de los que después nos ocuparemos, y en Con las horas contadas. En este libro, aunque sigan existiendo composiciones que prolonguen el aire epigonal de la colección anterior (tales como "Aguila y rosa", "In memoriam A.[ndré] G. [ide] y "El elegido"), su expresión nos parece renovada, tanto en el poema canción ("Otra fecha") como en el espléndido "Nocturno yanqui", donde hace examen de conciencia, a medianoche y tras su verano en México, sobre el hastío, la soledad y la existencia vicaria de un profesor en provincias. Sin embargo, la gran composición del libro es la serie "Poemas para un cuerpo", inspirados -como ya dijimos- en la figura de Salvador, y que es, fundamentalmente, el emocionado canto a un amor que llega cuando el poeta, debido a su edad, no se creía ya capaz de experimentarlo. Los dieciséis poemas que componen esta serie se acogen a la estructura del poema-canción: predominan los versos heptasílabos y octosílabos rimados a veces en asonante, aunque también son frecuentes los endecasílabos. El poeta se vale ahora fundamentalmente de la primera persona para referirse a sí mismo (en contra de lo que venía siendo habitual en su poesía del exilio, donde dominaba el desdoblamiento o el tú autorreflexivo), e incluso aparece la mención del nombre propio (III).

Si Donde habite el olvido se escribió para exorcizar amargos recuerdos y "Cuatro poemas a una sombra" para racionalizar la transitoriedad del amor, la intención de "Poemas para un cuerpo" es -según Harris (1992)- la de fijar y retener esta experiencia suprema del amor. De la teoría amorosa de esta serie destacamos tres ideas: 1) El amor puede ser una solución a la enajenación, un sustituto de la patria perdida y del sentimiento de pertenecer del que había sido privado (X), lo que implica una idea de renacimiento y rejuvenecimiento (XIII) tras su existencia vacía y vicaria del destierro. 2) La reincidente creencia, patente ya en su etapa juvenil, de que el amor es lo eterno y no lo amado (XV). 3) La veta narcisista que también recorrerá toda su poesía amorosa, ya que el amado es fundamentalmente una invención del amante y de su deseo unidireccional (IV, VIII, IX y XIV). El amado es sólo la ocasión y el motivo (XI), aunque Cernuda reconozca que "[...] mi amor nada puede / Sin que tu cuerpo acceda: / Él solo informa un mito / En tu hermosa materia" (XVI).

Desolación de la Quimera (1956-1962), cuyo título proviene de los Cuatro cuartetos de T. S. Eliot ("The loud lament of the disconsolate chimera", 5.º movimiento del primer cuarteto), es el testamento poético de Luis Cernuda y la crónica de una agonía con todo lo que tiene de miseria y grandeza. Representa la vejez y despedida dentro de esa biografía poética que es La realidad y el deseo. Los principales temas del libro son: el envejecimiento del protagonista y el presentimiento de la muerte cercana; la obsesión por la leyenda que se había construido en España en torno a su persona hasta el punto de definirse como "español sin ganas" ("Díptico español"); y el injusto trato que el mundo dispensa al artista. En la última sección de La realidad y el deseo, el protagonista poemático hace balance de su vida y trata de ajustar cuentas con su tiempo. Son numerosas las invectivas contra personajes concretos: Juan Ramón ("J.R.J. contempla el crepúsculo" y "A J.R.J."), Dámaso Alonso ("Otra vez, con sentimiento") y Pedro Salinas ("Malentendu"), así como el homenaje a sus amigos Manuel Altolaguirre ("Supervivencias tribales en el medio literario") y los poemas dedicados a Víctor Cortezo y Enrique Asúnsolo. En ese ajuste de cuentas con su tiempo, Luis Cernuda va a proponer el arte como única tabla de salvación en el naufragio de la existencia, de forma que el artista será para él el nuevo redentor del mundo. El libro está repleto de referencias culturales e iconos artísticos (Mozart, Dostoievsky, Goethe, Keats, Galdós, Ticiano, Rimbaud, Verlaine...) hasta el punto de convertirse en modelo de referencia para la poesía culturalista o novísima de los años setenta.

De esta colección destacaría tres monólogos dramáticos, "Desolación de la Quimera", "Luis de Baviera escucha Lohengrin" y "Birds in the night", donde prevalece la identificación última de Luis Cernuda con el mito. El primero es un canto a la poesía que eleva su voz quejumbrosa en medio del desierto, de la cobardía y de la mediocridad burguesa. El complejísimo "Luis II de Baviera..." es una especie de escenario lingüístico donde la correspondencia fundamental será la equiparación entre ópera y poesía para presentarnos el mito de Narciso o la reconciliación imaginaria con el deseo a través de la obra artística. Y en "Birds in the night" nos presenta la apropiación póstuma de Rimbaud y Verlaine por una sociedad hipócrita a la que ellos mismos desafiaron y que niega la verdad íntima de sus obras. Luis Cernuda nos expresa su propio miedo a la falsificación tras la muerte y a que la sociedad traicione la obra del poeta acomodándola a sus valores convencionales.

3. El poema en prosa: Ocnos y Variaciones sobre tema mexicano.

Tal como afirma James Valender (1965), desde el advenimiento del romanticismo la convergencia entre verso y prosa ha sido una cuestión fundamental para el desarrollo de la poesía moderna, ya que con dicha convergencia se pretendía vitalizarla a través de su inmersión en el lenguaje común. La resistencia tradicional de España a la modernidad ha dificultado esta interacción. Las excepciones de Bécquer y Juan Ramón continúan con Luis Cernada, para quien el poema en prosa no ocupa un lugar marginal en su obra -a diferencia de otros poetas del grupo poético del 27-, sino todo lo contrario. De hecho hay críticos, como Philip Silver (1989), que han pretendido interpretar toda su obra poética a través de Ocnos.

El título procede de un personaje de Goethe que trenzaba juncos para dárselos de comer después a su asno, y recoge una serie de poemas en prosa, escritos entre 1940 y su muerte en 1963, que irán engrosando el corpus de la obra en cada una de sus tres ediciones (Londres, 1942; Madrid, 1949; Veracruz: 1963). En Ocnos domina la preocupación de Cernuda por su pasado, especialmente por su niñez, como depositario de su identidad, y este interés por el pasado responde más a un propósito metafísico que evocativo. El mito de Ocnos es la idea de una caída del edén de la niñez. La forma de expresión adoptada será fundamentalmente la propia de la tradición meditativa o la pertinente fusión de sentimiento lírico con pensamiento poético. La mayoría de los poemas, como ha demostrado Valender (1984), parte de una composición de lugar o impresión para remontarse a una idea final con la aplicación de las tres facultades mentales: memoria, entendimiento y voluntad. El movimiento compositivo de cada poema va, pues, de la experiencia concreta a la validez esencial de la misma o de lo fugaz a lo eterno, ya que el objetivo último de Ocnos será fijar e identificar aquello que es constante a lo largo del devenir.

Variaciones sobre tema mexicano (1952) es fruto de las profundas impresiones que le dejaron sus primeras visitas a México. Pero su propósito no fue costumbrista ni descriptivo. Se trata más bien de una meditación sobre ciertas actitudes frente a la vida presentadas "como reflejo de sus propios criterios morales" (Valender, 1984). Sobre México proyecta Cernuda su mito de Sansueña; es decir: su España soñada, una mezcla de las páginas históricas y literarias del Siglo de Oro con la indolencia andaluza, siendo esta última visión la que prevalece. En este sentido, la colección queda caracterizada por su enfoque comparativo entre norte y sur o entre el materialismo de los países anglosajones y la espiritualidad de México. En Variaciones Cernuda consigue ese pretendido equilibrio entre lenguaje hablado y escrito, no alcanzado en el resto de su obra.

En definitiva, la obra poética de Luis Cernuda recorre, desde los años 20 y en ejemplar coherencia estética y vital con el itinerario del hombre que fue su autor, todos los registros de la poesía española del siglo XX: poesía pura, surrealismo, neorromanticismo, poema narrativo, elegíaco, metafísico y culturalista. Ésta es la raíz de su ejemplariedad para la poesía que se viene escribiendo en España desde los años 60 (véase La Caña Gris). Frente a tantas escisiones, falsas polémicas y rupturas que han caracterizado el proceso crítico de nuestra más reciente historia de la poesía, Luis Cernuda es un lugar de encuentro donde convive la experiencia de cada uno con la experiencia de lo uno.